Hay cosas para las que uno no tiene más remedio que tirar de
fe si quiere creer que son reales. La primera que se me ocurre son los domingos por
la mañana. Yo no tengo del todo claro que sea algo que ocurra de verdad,
francamente. Al menos no siempre. Yo lo veo más como un qué se yo que pasa de manera esporádica, como si fuese un 29 de febrero, pero en este
caso aleatoriamente, sin periodicidad ninguna. Lo normal es que el sábado por la noche se entre
en un agujero espaciotemporal que termina el domingo al mediodía y en la
cama, por supuesto.
Lo importante aquí es que este fin de semana pasado me ha tocado vivir uno de esos domingos por la mañana, y como ya digo
que la cosa va de fe, fui a misa para agradecerlo. Misa protestante, pero a misa. Está claro que Estados
Unidos no es un país que sorprenda por sus catedrales construidas hace un
cuarto de hora, pero la misa en sí compensa que el edificio parezca bien una nave industrial o bien una
imitación de Hogwarts de bajo coste no esté a la altura de lo que se encuentra
en Europa. Pero vamos, a ninguno le descubro América con estos datos.
Por lo pronto, la misa dura alrededor de dos a tres horas.
Yo no quiero entrar aquí a hacer muchas valoraciones sobre las misas tradicionales
españolas, pero a ver quién es el guapo que aguanta allí tres horas. Esto aquí no
pasa, porque esto es una misa de gospel y lo único en común con las españolas
es que se dice Amén. Y para de contar, porque el resto es otra historia.
Empezando por la iglesia en sí. Lo primero que vi al entrar
es una operadora de cámara que ya quisieran tener en los platós de Antena 3.
Con ese pedazo de cámara se recogía todo lo que estaba pasando en el escenario.
Sí, el escenario. Hay uno, que además de pequeño no tiene nada, donde se colocan tanto
el coro como el pastor y que está presidido por una pantalla enorme que ya
me gustaría a mí para mi casa. Pero no solo esto sino que también hay cámaras que
van paseando por los pasillos de la iglesia para captar las reacciones del
público, muy a lo Isabel Gemio en Sorpresa Sorpresa. Un público que, lejos de
estar contando los minutos para que aquello acabe, ¡se lo está pasando pipa!
Aquí se enfoca todo desde un punto de vista muy diferente y, a mi entender,
mucho más positivo. Cuando pienso en una misa española lo asocio a un sermón
que te dice cómo han de hacerse las cosas de manera que si sacas los pies del
tiesto, castigo al canto. Lo asocio a una ceremonia seria, solemne…pero eso no
quiere decir que sea más sentida. Al revés, creo que lo sienten muchísimo más
aquí cuando interactúan con el pastor, contestan a las preguntas que hace desde
el escenario, la gente puede intervenir cuando quiera, se levantan, se sientan,
comentan el tema del que se habla, cantan… todo es absolutamente espontáneo y visto
desde un punto de vista mucho más positivo. Ellos van encantados a misa y, además, se ponen sus mejores galas aunque muchos vayan hechos un cuadro. Reconozco que a mí también me gustó
mucho la parafernalia. Eso de entrar, ver un micrófono, las pantallas, las
cámaras, la entrada y salida de actuaciones musicales…llego un punto en que no
sabía si el pastor iba a mandarnos rezar o cruzar la pasarela. Porque el pastor no paraba quieto pero si hubiese tenido una silla juraría que se iba a dar la vuelta y elegirme para su equipo.
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¡Esto es un público entregado! ni las mejores marujas cuando AR entra en plató |
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No se ve pero al lado de estos hay músicos tocando en directo. |
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Desde clases particulares y grupos de oración a tenis, aerobic o cenitas. Esto es un no parar. |
Ya digo que la gente encantadora, incluso nos dieron
caramelos, pero en cuanto acabó el tema, derechitos al coche y de vuelta a nuestros
barrios. Ya tocará hablar de cómo son los barrios de Chicago, pero por ahora
vamos a dejarlo en que este era habitual en el mapa que puse el otro día y no hay necesidad ninguna de salir en él.